Me queda lejos lo que está lejos, pero me parece posible lo imposible. Si puede imaginarse, puede hacerse, dijo el Nobel de medicina del 2000.
Yo imagino un mundo mejor. ¡Qué digo uno! ¡Cientos, miles! Cualquier mundo que soy capaz de imaginar es mejor que el que tenemos. Y en ninguno de ellos hay dinero. Lo imaginaron Sócrates y Platón antes que yo. Y Jashua de Natzareth, y Thomas Moro. Puede que hasta Marx, pero su sistema no suprimía el dinero, solo lo gestionaba de otra manera.
Borra de tu mente, así solo sea por un momento y en la ficción que mi cuento de hoy te propone, todo cuanto sabes de este mundo y sus gentes. Nuestras formas de relacionarnos tienen que ver con el sistema que hemos creado, ricos pobres, compraventa; es más, nuestra forma social está determinada por nuestro sistema.
Algunas premisas de fácil aceptación:
Hay personas que son capaces de potenciar nuestras cosas buenas, mientras que otras potencian las malas.
Todos somos capaces de distinguir a las unas de las otras.
Nos gusta aprender cosas nuevas, hacer punto de cruz, saltar en paracaídas, esquiar, cantar, pintar, escribir, bailar.
Nos gusta mejorar en el sentido de perfeccionarse en las propias habilidades y capacidades.
El mundo es muy injusto, a todos los niveles y en todas partes.
Si pudiéramos, cambiaríamos el mundo.
El sistema por el que nos regimos es un sistema de organización humano.
Todos nosotros somos humanos.
Si los humanos quieren pueden cambiar su sistema de organización.
Si seguimos haciendo lo que estamos haciendo, seguiremos consiguiendo lo que estamos consiguiendo.
Ahora te despiertas y es un nuevo día. El mundo es como tú siempre has querido que fuera, justo, sin penurias para ninguna persona del planeta, sin racismo, con sanidad universal y gratuita, con educación universal, gratuita y a perpetuidad; un mundo alegre y a la vez laborioso donde a cada uno se le reconozca en función de sus méritos, sin trepas, sin envidiosos, sin malévolos.
- Pero, Shivah, querida, tu mundo no es posible.
Yo creo que sí. Yo puedo imaginar un mundo en el que los recursos se reparten con equidad, dando a cada uno lo que necesita, con una gestión y administración de los recursos que busca únicamente la completa satisfacción de las necesidades de la especie humana, independientemente de lo que cada individuo haga. Un mundo, obvio es decirlo, sin fronteras ni banderas ni himnos.
Puedo imaginar un mundo de hombres y mujeres dedicados cada uno a desarrollar sus capacidades en plena libertad, sin ser orientados desde niños a ser piezas elementales de un sistema que nos fagocita. Un mundo que comprende su contingencia en la historia larga de la evolución y que sabe que su tiempo es limitado y sus posibilidades de subsistir evolutivamente, pocas.
Un mundo en el que los humanos buscan el saber porque es su única oportunidad; a través del conocimiento conseguiremos mejorar nuestras posibilidades como especie y a través de la expansión del conocimiento desvelado mejoraremos nuestra velocidad de nuevo aprendizaje.
Un día, dentro de 300 años, los humanos vivirán 500 años. ¿Cuántos miles de millones serán entonces? ¿De qué será capaz la tecnología? No habrá dinero porque la dimensión de la humanidad lo hará imposible como concepto y los avances tecnológicos permitirán maximizar la gestión. Unos estudiarán, otros diseñarán ropa, otros no harán más que leer, otros dormir y otros educar a otros. ¿Tan difícil es de imaginar?
Besos por hoy. Mañana será un largo día y he prometido a las niñas que jugaríamos con las pegatinas. Bendita inocensia.
S.